Una obra de teatro no existe como tal hasta que se estrena. Mientras, debe conformarse con pertenecer –si se publica– a la literatura dramática. Es lógico y comprensible que los autores aspiren a ver representados sus textos, aunque dicha aspiración esté cargada de peligros.

Una novela –como un poema– llega a las manos del lector prácticamente intacta. (La edición puede ser mala o buena, pero nada más). Las palabras son siempre las mismas por mucho que varíe el estado de ánimo de quien las lee. En este sentido, el teatro es un género esencialmente impuro. La inevitable –y necesaria– colaboración de los directores, los intérpretes, los escenógrafos y el público modifica la obra original hasta extremos en ocasiones insospechados. Por esta razón, los defensores de la pureza de los textos tienen –¡y lo saben!– la batalla perdida. El teatro es un cúmulo de admirables –o bochornosas– traiciones. Desconocer esta evidencia es como negarse a aceptar la muerte porque se supone que es malísima para la salud.

Así hay que entender este juego escénico titulado Extraño anuncio: una idea, un argumento, unos personajes y unas frases que, con suerte, pueden facilitar la posibilidad de un buen espectáculo. Solo esto. La continuación será cosa del talento de todos los que intervengan en él.

Desde la modestia de quien comprende que, por ahora, únicamente forma parte de un propósito, el autor de la obra declara que se divirtió mucho al escribirla tal vez porque es un individuo que cree que lo mejor de la vida –lo menos malo, diríamos– es su capacidad de sorprendernos. La teatralidad de vivir es lo que mantiene nuestro interés por continuar, a pesar de conocer el desenlace. La biología es una excelente autora de teatro porque nos sorprende todas las mañanas: nada más fascinante que un buen dolor de cabeza cuando nos hemos acostado con un estupendo dolor de estómago.

Extraño anuncio quisiera llegar a convertirse en una sorprendida investigación sobre la inconsistencia de la realidad; un juego –conviene insistir en esta palabra- en el límite entre lo que ha ocurrido, lo que ocurre y lo que ocurrirá. Nadie es uno entero y de una vez; el fraccionamiento alucinante de nosotros mismos nos convierte al mismo tiempo en actores y público, en observadores y observados, en vivos y muertos.

Es posible que nunca hayamos existido. Y es probable, por lo tanto, que esta obra no se haya escrito nunca. O que se esté escribiendo todos los días.

Adolfo Marsillach
Madrid, 27 de septiembre de 1992

Extraño anuncio
16 marzo a 29 abril 2012

Martes a sábados a las 19.00 horas
Domingos a las 18.00 horas
Duración: 1 hora 30 minutos, sin intermedio.
AVISO: Una vez comenzada la representación no se permite la entrada a la sala.
Los cigarrillos que se fuman en escena no contienen tabaco
LUNES 9 DE ABRIL A LAS 2O HORAS: Homenaje a Adolfo Marsillach con la proyección de la película ESQUILACHE, dirigida por Josefina Molina. Con la participación de Mercedes Lezcano. Modera el acto: Andrés Peláez (Entrada libre hasta completar aforo)

EQUIPO
ARTÍSTICO

Mercedes Lezcano (Dirección), Javier Aoiz (Escenografía), Ana Lezcano (Vestuario)
Juan Gómez-Cornejo (Iluminación), Kike de la Peña (Audiovisuales), Jacinto Bravo (Coordinación general), Dario Bravo (Fotos), Isidro Ferrer (Diseño de cartel) y Paz Producciones (Vídeo-clip)

Producción Metrópolis Teatro

 

Producción
Metrópolis Teatro