En Woyzeck, Georg Büchner logra que un paria alcance la envergadura trágica de los héroes griegos o de los reyes shakespeareanos. Büchner lleva al centro del escenario a un hombrecillo al que nadie prestaría atención fuera de él, y nos obliga a mirarlo –en su fealdad, en su errático vagar– y a escucharlo –en su frágil decir, en sus silencios–.

Woyzeck es nada más que un cuerpo que cada día habrá de pelear por lo elemental, y que cada día será humillado. Pero es también nada menos que un hombre que, como cualquiera, señor o siervo, aspira a entender y a ser entendido, a amar y a ser amado. «Si supiera hablar…», dice anhelante, y apenas somos capaces de oír la intensidad de ese anhelo y el dolor de Woyzeck por no encontrar palabras con que cumplirlo. La torpeza de la lengua de Woyzeck lo separa de nosotros y del mundo, como lo vuelve un extraño frente a sí mismo.

Tal es la tragedia de Woyzeck: la de un ser humano que nació para la libertad y la belleza, pero que, enloquecido de soledad, destruirá a quien ama y se destruirá a sí mismo. Sin haber llegado a comprender.

En ese final sin razón, el pequeño Woyzeck, verdugo y víctima, desafía nuestra capacidad de juzgar. En su muerte sin razón, Woyzeck nos juzga.

Juan Mayorga

Woyzeck
11 de marzo a 22 de mayo de 2011

Teatro María Guerrero

EQUIPO
ARTÍSTICO

Juan Mayorga (Versión), Gerardo Vera (Dirección), Max Glaenzel y Estel Cristià (Escenografía), Alejandro Andújar (Vestuario), Juan Gómez-Cornejo (Iluminación), Luis Delgado y Mariano Marín (Música), Roc Mateu (Diseño de sonido), Chevi Muraday (Movimiento escénico y coreografía), Eva Fernández (Caracterización), Peret (Diseño de cartel), David Ruano (Fotos), Paz Producciones (Videoclip)

Producción Centro Dramático Nacional